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Todos los artículos ...El siguiente artículo lo hemos tomado de la excelente página sobre TOC de Piénsalo de Colombia www.piensalo.com .
Muestra la importancia de no limitarse a las soluciones convencionales y, como decía Don Miguel Nadjdorf, "pensar con la propia cabecita".
Sir Ernest Rutherford, presidente de la Sociedad Real Británica y Premio Nobel de Química en 1908, contaba la siguiente anécdota:
Hace algún tiempo, recibí la llamada de un colega. Estaba a punto de poner un cero a un estudiante por la respuesta que había dado en un problema de física, pese a que este afirmaba rotundamente que su respuesta era absolutamente acertada.
Profesores y estudiantes acordaron pedir arbitraje de alguien imparcial y fui elegido yo. Leí la pregunta del examen y decía:
"Demuestre cómo es posible determinar la altura de un edificio con la ayuda de un barómetro".
El estudiante había respondido:
"Llevar el barómetro a la azotea del edificio y atarle una cuerda muy larga. Descolgarlo hasta la base del edificio, marcar y medir. La longitud de la cuerda es igual a la altura del edificio".
Realmente, el estudiante había planteado un serio problema con la resolución del ejercicio, porque había respondido a la pregunta correcta y completamente.
Por otro lado, si se le concedía la máxima puntuación, podría alterar el promedio de su año de estudios, obtener una nota más alta y así certificar su alto nivel en física; pero la respuesta no confirmaba que el estudiante tuviera ese nivel.
Sugerí que se le diera al alumno otra oportunidad. Le concedí seis minutos para que me respondiera la misma pregunta pero esta vez con la advertencia de que en la respuesta debía demostrar sus conocimientos de física.
Habían pasado cinco minutos y el estudiante no había escrito nada. Le pregunté si deseaba marcharse, pero me contestó que tenía muchas respuestas al problema. Su dificultad era elegir la mejor de todas. Me excusé por interrumpirle y le rogué que continuara.
En el minuto que le quedaba escribió la siguiente respuesta:
"Tomar el barómetro y dejarlo caer al suelo desde la azotea del edificio. Medir el tiempo de caída con un cronometro.
Después aplicar la formula:
A = 1/2 * G * T2
(Altura = 1/2 * Aceleración Gravedad * Tiempo al cuadrado)
En este punto le pregunté a mi colega si el estudiante se podía retirar. Le dio la nota más alta.
Tras abandonar el despacho, me reencontré con el estudiante y le pedí que me contara sus otras respuestas a la pregunta.
Bueno, respondió, hay muchas maneras, por ejemplo, tomar el barómetro en un día soleado y medir la altura del barómetro y la longitud de su sombra. Si medimos a continuación la longitud de la sombra del edificio y aplicamos una simple proporción, obtendremos también la altura del edificio.
Perfecto, le dije, ¿hay otra manera? Si, contestó, este es un procedimiento muy básico para medir un edificio, pero también sirve.
En este método, Ud. toma el barómetro y se sitúa en las escaleras del edificio en la planta baja. Según sube las escaleras, va marcando la altura del barómetro en la pared. Obtendrá así la altura del edificio en "unidades barométricas". Multiplicando la altura del barómetro por el número de marcas se obtiene la altura del edificio. Este es un método muy directo.
Por supuesto, si lo que quiere es un procedimiento más sofisticado, puede atar el barómetro a una cuerda y moverlo como si fuera un péndulo. Si calculamos que cuando el barómetro está a la altura de la azotea la gravedad es cero y si tenemos en cuenta la aceleración de la gravedad al descender el barómetro en trayectoria circular al pasar por la perpendicular del edificio, de la diferencia de estos valores, y aplicando una sencilla fórmula trigonométrica, podríamos calcular, sin duda, la altura del edificio.
En este mismo estilo de sistema, atando el barómetro a una cuerda, descolgándolo desde la azotea a la calle y usándolo como un péndulo se puede calcular la altura del edificio midiendo su período de precesión.
En fin, concluyó, existen otras muchas maneras. Probablemente, la más exacta sea ir a ver al portero y cambiarle el barómetro por los planos del edificio.
En este momento de la conversación, le pregunté si no conocía la respuesta convencional al problema (la diferencia de presión marcada por un barómetro en dos lugares diferentes nos proporciona la diferencia de altura entre ambos lugares) evidentemente, dijo que la conocía, pero que, durante sus estudios, sus profesores habían intentado enseñarle a pensar...
El estudiante se llamaba Niels Bohr, físico danés, premio Nobel de Física en 1922, mas conocido por ser el primero en proponer el modelo de átomo con protones y neutrones y los electrones que lo rodeaban. Fue fundamentalmente un innovador de la teoría cuántica. Al margen del personaje, lo divertido y curioso de la anécdota, lo esencial de esta historia es que LE HABÍAN ENSEÑADO A PENSAR.
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